En directo | Actividades de invierno en la ciudad La pista de Amio, que permanecerá abierta hasta el 8 de enero, es el lugar perfecto para disfrutar de un deporte para el que sólo hacen falta equilibrio y ganas
21 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.¿Quién dijo miedo? Deslizarse sobre unos patines es tan fácil como echarle valor, no mirar atrás y dejarse llevar... Bueno, o casi. El caso es que, sin grandes lesiones y en no demasiado tiempo, uno puede desenvolverse con cierta soltura sobre una pista de hielo. La pista que estará instalada en el recinto ferial de Amio hasta el 8 de enero es el espacio ideal para sacar a relucir al patinador que todos llevamos dentro. Incluso usted. Los que más partido le sacaron ayer al hielo fueron los alumnos de los colegios Monte dos Postes, a primera hora, y los del Quiroga Palacios, que demostraron que el género humano y el equilibrio pueden ser cosas compatibles. A eso de las 12.30, Facundo Marchán, alumno de quinto en el Quiroga Palacios, se coloca los patines y se prepara para afrontar todo un reto: aprender a patinar. «¿Medo? -dice- Medo non pero, se caio, ¡xa me levantarei!». Facundo utiliza todos los sentidos mientras se agarra a la valla y comienza a dar sus primeros pasos tímidos sobre unas cuchillas. En el centro de la pista, algunos de sus compañeros experimentados en el arte de deslizarse hacen filigranas y coreografías. Desde el exterior del recinto congelado, las profesoras gritan: -«¡Diego, non tolees!». Pero Diego está en su salsa. - «¡Fran, despacio!». Sí, como para frenar a Fran, crecido ante las chavalas de la clase. Estas Navidades, la pista es nuestro Rockefeller Center en versión de Amio. No son pocos los que se caen de culo, nada grave. José Antonio, voluntario de Cruz Roja que está al quite, comenta: «Estos son de goma». No falta quien se tira a propósito, y es que en quinto y en sexto ya empiezan a aflorar ciertos sentimientos peliculeros que dan muy buen resultado para que las compañeras se fijen en uno. Bea, una de las encargadas del recinto, dice que para aprender a patinar lo primero es mantener el equilibrio. Parece una obviedad, pero no resulta fácil caminar con unas cuchillas debajo de los pies. «Ao que ten medo, cóstalle máis -dice- e das cuadas ninguén te libra, se avanzas e non sabes parar, é normal». Bea cuenta el caso de un chaval que, sin tener ni idea y después de dos horas practicando y más de cincuenta culadas, «saliu patinando perfectamente». Según va pasando el tiempo, Diego sigue toleando y Fran deslizándose a todo filispín. Facundo, muy prudente, sigue agarrado a la valla; pero será por poco tiempo.