La comunidad echa humo

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

ANTONIO AIGUADER

Testimonio | Hablan los afectados por el incendio del Hong Kong Los vecinos dan gracias porque el fuego se declarase durante el puente, cuando había menos residentes; pero creen que la tragedia se veía venir

14 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Casi una semana después de que el fuego arrasase el restaurante chino Hong Kong, en Rosalía de Castro, los ánimos siguen encendidos entre los vecinos de la comunidad. Llovía sobre mojado y las llamas empeoraron todavía más las cosas. Hay tanto que limpiar, tanto que reponer y tanto que sanear que devolverle la normalidad a los residentes y a los comerciantes del número 25 se antoja misión, si no imposible, sí complicadísima. En el 2ºD vive María Luisa Lloret. Así como abre la puerta, sin apenas tiempo para saludar, se arranca para decir: «¡No hay derecho, a nosotros nos acribillan a impuestos y a ellos se les permite saltarse todas las normas!». Enseguida se explica y asegura que no tiene nada contra los chinos, pero se remite a los problemas continuos entre la comunidad y el local de comida asiática -olores, salidas de gases y otros- para mostrar su convencimiento de que había cosas en el restaurante que, cuando menos, chocan: «¿Cómo se pueden guardar bombonas y motos en un comedor?», se pregunta. María Luisa está negra, como su casa. El humo imprimió todos y cada uno de los enseres de la vivienda y el calor causó estragos, principalmente, en el salón. El ventanal de aluminio está hecho un desastre y las cortinas y las persianas están derretidas. La dueña de la casa señala un montón de cosas que se han echado a perder: el equipo de música, el tresillo, los cuadros de la pared, la música... Mira con pena sus discos de Luis Cobos, la colección del Selecciones del Reader's Digest y, especialmente, un elepé del Orfeón Terra A Nosa «grabado en Madrid y del que se hicieron muy pocas copias, hoy ya no se puede encontrar», dice. Todo está derretido, ahumado o las dos cosas. El reloj del salón se paró con el golpe de calor, exactamente a las 3.20 de la madrugada. La policía descubrió el incendio a las 4.05, así que cuando llegaron los bomberos el restaurante llevaba media hora larga ardiendo. María Luisa tiene 83 años y se acaba de quedar viuda. Dentro de lo malo, da gracias porque cuando ardió el Hong Kong ella se había ido a Vilagarcía a pasar el puente con su hija. «De otra manera, hoy no estaría aquí para contarlo; igual no me habría muerto quemada -sentencia- pero sí de un ataque al corazón». El piso peor parado es el que está justo debajo, el primero derecha. Es propiedad de los dueños del Oregar, que está cruzando la calle. Pero en el Oregar prefieren no hablar, sólo confirman que las estudiantes que ocupaban la vivienda están alojadas ahora en su hostal. Cuando se produjo el incendio, tres se habían ido de puente a sus casas y una dormía en la parte de atrás, así que tampoco sufrió daño alguno. María Luisa explica que el humo subió incluso por las cañerías del váter, y muestra unas paredes y unos muebles oscuros con los que ahora, a la espera de los seguros, le toca vivir y dormir. Ayer, los bomberos tuvieron que retirar cristales que cayeron a la calle desde el tercero y el cuarto. También se ha colocado una valla para separar a los peatones de la zona afectada. Pero queda mucho por hacer, por limpiar y por investigar.