CON LUPA | O |
07 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.HABLAR DE la inseguridad de la carretera de A Estrada, es predicar en el desierto. Uno podría escribir un millón de páginas denunciando cómo se juegan el tipo cada día los vecinos de Montouto o Cacheiras y nadie movería un dedo. Armando Blanco pierde tanto tiempo recibiendo medallas y otras condecoraciones pintureras que difícilmente puede quedar un hueco en su agenda para resolver una cuestión urgente: la de la seguridad de la carretera que pasa por delante de su restaurante. A la hora de elegir entre lo urgente y lo importante, mi alcalde escoge lo segundo: acaparar más trofeos para su medallero, ignorando que quienes van a comer a su templo de las tortillas pueden morir atropellados por una hormigonera que circule a cien por una zona de cincuenta. ¡Haga algo ya, señor! ¿O nos toma el pelo? ¡Por lo menos, haga un gesto! Si a pesar de sus medallas y sus contactos no tiene mano para arreglar la carretera, a mí váyame borrando del censo. Aunque, eso sí, antes pienso votar. Por éstas.