Los olvidados de Conxo

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

XOÁN A. SOLER

En directo | Una necrópolis bajo la maleza La asociación de voluntariado Itinera recupera la memoria de los muertos.

05 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?l cementerio abandonado de Conxo sobrecoge. Pero no tanto por su aspecto como porque en este espacio yacen decenas de personas encerradas en vida y olvidadas en la muerte, enfermos que un día cruzaron la puerta del psiquiátrico para no salir jamás. Recuperar tanto el recinto como la memoria de los muertos es el objetivo de los voluntarios que, durante meses, han trabajado para descubrir bajo la maleza una necrópolis que fue abandonada en 1979. El trabajo que en su día iniciaron estudiantes españoles y de Italia, Alemania, México y Bélgica lo sigue ahora la asociación Itinera, en la que participan universitarios e internos del centro asistencial. De todo lo que ha vuelto a recibir los rayos del sol hay muchas cosas que llaman la atención. Carlos Martínez Uzal, coordinador de Itinera, señala principalmente la tumba del capitán Friedrich Wilhelm Mette, a quien cita Camilo José Cela en su obra Madera de Boj. La lápida está escrita en alemán, pero no es la única que fue grabada en una lengua distinta al castellano. La base de otro epitafio que un día cubrió a uno de los olvidados de Conxo dice: «We fade away like flowers in the sun. We just begin an now our work is done», una inscripción poética que reflexiona sobre lo efímero de la vida y que podría -con alguna licencia- traducirse como que nos consumimos como las flores bajo el sol; nada más hemos empezado y nuestro trabajo ya ha llegado a su fin. El osario que apareció bajo la maleza, al igual que la sala de autopsias o decenas de cruces de hierro, es realmente inquietante. Carlos Martínez explica que se han encontrado numerosas calaveras trepanadas: «Los agujeros se hacían en las autopsias, porque se pensaba que los enfermos mentales tenían un cerebro distinto, observaban si había alguna diferencia orgánica; estamos hablando de la primera mitad del siglo XX». Daniel Caamaño, paciente del centro que ayuda en la limpieza, lo tiene claro: «A min, os que me dan medo son os vivos, non os mortos». Su último descubrimiento ha sido una media que contiene todos los huesos de un pie.