SIN INTENCIÓN | O |
06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LAS DOS citas sanitarias que coinciden el lunes propician valorar la realidad asistencial con otras perspectivas. Por un lado, el 10 de octubre ha sido fecha emblemática los últimos años para quienes reivindican 10 minutos de consulta en atención primaria. Y se conmemora el día mundial de la salud mental, que pretende llamar la atención para un ámbito con bastante menos protagonismo en el sistema del que merece. Ambas efemérides comparten como punto de encuentro el pedir que se piense de modo diferente en la persona enferma y una sanidad más viva y enraizada en la comunidad. Por un lado, que se dedique más tiempo para escuchar, y que el médico de familia no se limite a ser un simple prescriptor de recetas que, por la presión asistencial, en ocasiones apenas tiempo tiene de mirar a la cara de quien demanda sus servicios. Y la salud mental lleva a unas realidades del ser humano no siempre valoradas, y que tanto tienen que ver muchas veces con el estilo de vida y con formas peculiares de enfrentar el día a día. La propia conselleira de Sanidade admitía recientemente que se precisa apoyar con más medios la asistencia de la enfermedad mental. No sólo es cuestión de recetar fármacos, si no de ofrecer otras prestaciones y alternativas en las que colectivos como voluntariado o cuidadores tienen mucho que ver. En definitiva, más tiempo y mayor aceptación para todos, evitando exclusiones y favoreciendo la integración, la igualdad. Y la rentabilidad social, no sólo la economía. Se habla a menudo de la necesidad de «humanizar» más la asistencia sanitaria. Apoyar estas dos cuestiones parecen ser dos vías para lograrlo. Las que fueron hasta ahora poco más que aspiraciones de pequeños grupos merecen llegar al centro de la agenda política y ser tenidas en cuenta. Mucho hay que ganar. O también que perder si no se hace.