Los fetiches de Carmen Calvo

Mercedes Rozas

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

Crítica | Arte

01 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?n una obra de principios de los años 90 titulada Autorretrato, Carmen Calvo acomodó sobre una superficie acolchada un grupo amplio y variado de objetos entre los que se encontraban tres brochas de pintura y un plato embadurnado de pigmentos, elementos bien significativos si tenemos en cuenta que, aun cuando mucha de su obra se ha vinculado al mundo de las instalaciones o de la escultura, la artista nunca ha renunciado a su condición de pintora. Existe un reconocimiento de diferencias entre lo que Carmen Calvo hace y lo que entendemos por pintura. En su producción se busca una articulación espacial que juega con las luces y las sombras, que alumbra efectos plásticos recordando las huellas del pincel, incluso han existido referencias expresas al género del paisaje y no ha dudado en homenajear a pintores admirados como el caso de Van Gogh; sin embargo, en vez de pigmentos la autora valenciana utiliza fragmentos de cerámica, cristales y objetos cotidianos adheridos a las telas, la espuma o las pizarras. La tridimensionalidad se apropia de la superficie ampliando el espacio de libertad de cada pieza. Conceptualmente el planteamiento recuerda al de Schwiters cuando en sus Merz reunía residuos encontrados, inventando otra realidad en la que el espectador podía -y todavía puede en la recreación que se ha hecho en el museo Sprengel de Hannover- colarse, integrándose en la nueva estructura. Del mismo modo, los «residuos» de Calvo determinan un nuevo espacio real, aunque no son solamente desechos de consumo, muchos pertenecen a su infancia, a sus recuerdos, a sus propias inquietudes... La representación a través de viejas fotografías, cartas, recortes o figuras a modo de exvotos hablan de querencias de la artista que tienen que ver con la nostalgia, el fetichismo, la emoción o el tiempo. Estos escenarios narrativos transparentan sensibilidades y, como en aquellos ambientes del alemán, llegamos a palparlos también físicamente. En la nueva sala de la galería SCQ, los collages, dibujos y objetos realizados desde finales de los años 90 reflejan la versatilidad de su iconografía y una siempre renovada trayectoria. OBRA DE CARMEN CALVO. Galería SCQ. Calle Pérez Constantí, 12. Abierta hasta el 19 de octubre.