La casa de Gaiás

IOSU PEDERNALES

SANTIAGO

RUN RUN | O |

21 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA CONSTRUCCIÓN deconstrucción de la Ciudad de la Cultura será el equivalente, en la lontananza futurista de un concejal de la oposición, a lo que hoy es la catedral de Santiago. Y, añadía el innombrable, que también entonces, cuando se hacía la casa del Apóstol, que daría lugar a toda esta ciudad y su cultura, también se diría «están locos estos compostelanos». En primer lugar, los locos no serían los compostelanos, a los que no se les consultó ni por la construcción de aquella casa ni por las que ahora se levantan en el monte Gaiás. La diferencia es que entonces al vecino no le iba en el bolsillo la milenaria locura -en todo caso en los costillares, porque la Iglesia ya ordenaba orbi et urbe- pero ahora estas casas para el ocio y el negocio de la cultura se erigen sobre nuestras depauperadas contribuciones y en detrimento de verdaderas necesidades. Viendo esta marea negra de dudas y polémicas que acechan, uno piensa que más que locos, estos compostelanos son tontos, porque si hay algo más estúpido que empezar una casa por el tejado es, además, terminarla sin saber con qué ni con quien habitarla y menos a quien vendérsela. Los padres de tan faraónico proyecto, disidentes de la cultura popular -la sencillez y la naturalidad son el supremo y último fin de la cultura, pregonó Niestzsche- vendieron la cosa como la panacea que cambiaría la imagen y proyección de Galicia, diciendo que el Guggenheim, a su lado, sería poco más o menos que la caseta del perro. Pero más allá de toda comparación odiosa, la caseta de Bilbao formaba parte de un proyecto más amplio de relanzamiento de las capitales vascas y la reurbanización de la ciudad del Nervión, en colaboración con las diferentes administraciones. Aquí la urbanización del Monte Gaiás se erige aislada del rediseño urbanístico de la ciudad, al punto que no se sabe ni por donde se entrará.