Las cuentas desde el banquillo

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

ÁLVARO BALLESTEROS

Análisis | Primera semana del proceso más lento de la historia de Santiago El juicio por el caso Pastor no ha hecho más que empezar; los interrogatorios se están convirtiendo en un tediosos e inevitable repaso de documentación de los años ochenta

16 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Nadie dijo que la Justicia fuese rápida. Pero los catorce años que ha tardado en ir a juicio el desfalco -conocido- más espectacular de cuantos hayan tenido Compostela como escenario es el colmo de la pachorra. ¿De quién es la culpa? De la burocracia, del sistema, de las personas, de la vida... Todas las explicaciones son válidas, aunque ninguna sirve de justificación. El proceso por el cual esta semana se han sentado en el banquillo el ex director de la urbana número 1 del Banco Pastor en Santiago, José Rodríguez Casal, y su antiguo cliente Juan Manuel Pintos Sanmartín, llegó casi a enquistarse en las estanterías del juzgado de primera instancia e instrucción número 1, donde el expediente pasó, casi, a formar parte del mobiliario. Un auténtico «muerto» Hay quien dice que la etapa del juez Echenique fue la más tediosa, pero quienes le sucedieron tampoco hicieron gran cosa por agilizar un asunto que se convirtió en un auténtico «muerto» enterrado bajo una montaña de documentos bancarios. Tanto fue así que, uno tras otro, los que ocupaban la silla de juez ponían los pies en polvorosa a la que tenían oportunidad, otro factor que contribuyó a que quienes acababan de nacer cuando Pepe, el del Pastor, estaba en activo, hoy ya puedan conducir motos. Finalmente, y con no pocos pensando seriamente que Pepe podría morirse tranquilo a los cien años sin haber rendido cuentas, la sala sexta de la Audiencia dedicará la mayor parte de sus recursos a dirimir esta historia que creció sobre el abono de la ambición. Con catorce años para preparar acusaciones y defensas, desde el lunes se ha podido ver bastante bien por dónde van los tiros del juicio. Hasta ahora, el proceso está siendo un tedioso repaso de documentación vieja y atrasada que, sin embargo, es fundamental para saber qué pasó con los más de mil millones de pesetas de agujero que, supuestamente, Pepe dejó en la caja de la entidad donde fue el número uno. Hasta el momento, Juan Manuel Pintos Sanmartín ha sido un convidado de piedra en las sesiones. Aún no ha habido tiempo para interrogarlo y, simplemente, se ha limitado a escuchar. Su abogado, Rafael Pardo Pedernera, intentó el primer día jugar la carta de la prescripción del delito, que con catorce años por medio nunca es una mala carta. También trató de parar el juicio la defensa de Pepe, ejercida por José Santiago Pérez, un hombre con cuya manera de hablar y de trabajar hay que estar familiarizado para no llevarse una idea equivocada. De hecho, Santiago está dando incluso más juego que los propios acusados, con sus palabras ceremoniosas, su vehemencia en la defensa y su fina ironía para con los periodistas que siguen el caso. Pero tanto José Santiago como Pardo Pedernera han topado con un muro: el magistrado Ángel Pantín Reigada. No ha nacido abogado que se le suba a las barbas a Pantín, un hombre serio, meticuloso y eficiente que no está dispuesto a que el juicio se pierda de nuevo en los vericuetos de la Ley. Flanqueado por su colega José Ramón Sánchez Herrero y por el magistrado -y ex conselleiro- Antonio Pillado Montero, tiene en sus manos la difícil tarea de arrojar luz en este pozo de sombras que es el caso Pastor. Además de José Santiago Pérez y Pantín, hay otra persona que ha llamado poderosamente la atención de los informadores: la fiscal Elena Steinger, que ha hecho gala de una asombrosa capacidad oratoria, de una memoria privilegiada y de una claridad, a la hora de explicar los argumentos por los que pide diez años de cárcel para Pepe y dos para Pintos, que no es nada fácil encontrar en el universo de la toga. Tácticas Entre todas las partes afloran ya las tácticas que se seguirán durante una vista que puede prolongarse hasta noviembre o incluso más. Así, Pepe se ha colocado el cartel de «si te he visto, no me acuerdo». A sus 79 años, contesta prácticamente a todo con un «no lo recuerdo»: no recuerda haber llevado durante años una banca paralela en su oficina de República do Salvador; no recuerda pagar intereses más altos que los oficialmente estipulados... Por no recordar, ni siquiera recuerda el as en la manga que se sacaron el jueves los letrados del Pastor: la carta escrita en 1991 en la que Pepe se autoinculpaba casi de todo y barajaba la posibilidad terrible de borrar los errores con su propia sangre. Los diez letrados que ejercen la acusación particular han optado, por el momento, por ir a la suya y defender los intereses de sus clientes, sin alargarse. Y el banco, que también se ubica en el lado de la acusación, trata de dejar claro que era completamente ajeno a los manejos de Rodríguez Casal. Salvo sorpresa, lo más atractivo de la próxima semana será el interrogatorio de José Santiago al cliente a quien ha permanecido fiel desde 1991.