CON LUPA | O |
29 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.NO ME CABE EN la cabeza cómo en una ciudad que tiene algunos de los edificios más bonitos que se puedan contemplar, se instalan objetos contundentes como uno que asoma en la Compostela incipiente. Un enorme bloque de cemento, gris e inabarcable, con huecos alargados como ventanillas de tren, corona una colina y hace daño a la vista, incluso, con gafas de sol. Parece que dijese: aquí estoy, soy Ladrilleitor ¿a que te meto? Hay que fastidiarse. No discuto las calidades constructivas y de habitabilidad, que seguro que le sobran, pero sí la estética. Se supone que va a ser la casa de alguien, no Alcalá Meco. ¿Tan caro es el buen gusto? Te colocan para siempre un bulto en medio del monte y tan contentos. Hay otro que le anda a la zaga por Galeras, seguro que ya se habrán fijado. Me imagino a los vecinos diciendo: «Sí, vivo ahí arriba, en algún sitio entre el encofrado». He visto tanatorios más acogedores. Quizás lo que pasa es que no tengo ni idea de arquitectura o de nuevas tendencias, es posible, pero me siguen pareciendo patadas en la vista. -Mire vuestra merced que no son gigantes, que son ladrillos. -Ya, amigo Sancho, por eso ataco, así que apártate.