Móviles

| MARGA MOSTEIRO |

SANTIAGO

LAS manifestaciones públicas acerca de la preocupación de la sociedad sobre los posibles efectos nocivos de las antenas de telefonía móvil sobre la salud de las personas ha dejado de ser noticia en los últimos años. Pero esto no significa que la preocupación ya no exista y, mucho menos, debería ser utilizado por los políticos para dejar de cumplir con uno de sus cometidos, el de velar por la seguridad de las personas. Aún nadie ha dicho abiertamente que no hay ningún peligro. Por el contrario, recientemente se ha recomendado que los niños no tengan acceso a los aparatos. Que las antenas emiten ondas electromagnéticas es un hecho. ¿Hasta cuándo deberá esperarse para conocer los efectos de estas ondas sobre las personas? ¿Por qué no se atiende la recomendación hecha por la Xunta de Galicia en el 2002? Y, ante la duda, ¿por qué no se ordena la retirada de las zonas más concurridas por niños?