CON LUPA | O |
13 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ROBARLE A UN rico es un delito; pero robarle a un pobre es un delito rastrero. Quienes reventaron la puerta de las oficinas del Fátima para llevarse 12.000 euros, dinero sagrado de las nóminas, no pudieron arrastrarse más, porque el Paz Nogueira no es el Madison Square Garden; es un campo modesto de un equipo modesto. La directiva del club dice que quien lo hizo sabía a qué iba y lo que se iba a encontrar. Y para esa certeza no hace falta que vengan los de CSI. Lo malo es que quien metió la mano en el saco ajeno infravaloró a la policía y, a lo mejor, se lleva una sorpresa. Quedar de ladrón por 12.000 euros es una pena. Porque en el fondo, los únicos delincuentes que pasan a los anales de la historia son los que pegan un palo tan grande que hacen temblar a un ministerio. Los demás son rateros y, en el caso de los cacos que dejaron sin blanca al Fátima, son rateros rastreros. No sería mala idea que quien metió la mano recapacitara. Los 12.000 euros no le van a sacar de nada y, al final, alguien acabará enterándose, porque el crimen perfecto no existe, y más en un campo de Regional. Se me ocurre que podría devolver lo robado anónimamente, como se hace en los colegios. Y, quizás, podríamos retirar lo de rastrero.