SIN INTENCIÓN | O |
30 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EN LA vida y posterior canonización de Rosalía de Castro han intervenido numerosos médicos y con la muerte de Sixto Seco desaparece uno de los que tuvieron un papel ciertamente principal. Como Eduardo Pondal, amistad de la autora de Cantares gallegos en Compostela; o el doctor Maximino Teijeiro a quien, según los biógrafos, le enviaba libros siempre con la dedicatoria «Su eterna enferma». Una enferma que escribió en Follas novas : «Teño un mal que non ten cura/ un mal que naceu comigo/ Y ese mal tan enemigo/ levaram'a sepultura/». En 1985, en el centenario de su muerte, Sixto Seco relató cómo se había entrevistado con Franco en El Pardo para solicitarle apoyo para la Casa-Museo de Padrón; y así ayudó para que se inaugurase en agosto de 1972. Un hecho que demuestra quién fue este galeno: una persona con gran influencia, que nunca perdió. A Rosalía le dedicó muchas horas y esfuerzos, y se encuentra (con Carvalho Calero, Guerra da Cal, Ramón Piñeiro, Machado da Rosa, Francisco Rodríguez...) entre quienes de verdad contribuyeron para que la autora de En las orillas del Sar ocupe el privilegiado lugar, que hoy no se le discute, en la Historia del país.