EL BURLADERO
21 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.HACE tiempo leí una entrevista de Carolina Herrera en la que decía que su jornada laboral terminaba a las cinco de la tarde y que ésta era una costumbre muy extendida en la ciudad de los rascacielos. Desconozco el horario de tiendas de la Quinta Avenida, pero sé muy bien que en este país que presume de haber inventado la siesta cada día se trabaja más y en peores condiciones. Las grandes superficies implantan los horarios dominicales para que toda la familia pueda consumir unida, un planteamiento que a poco que se analice evidencia la crueldad y la desigualdad del sistema económico que todos hemos creado. Como idea abstracta no está mal eso de que todo esté abierto domingos y festivos, pero mejor sería para todos que cualquier trabajador, incluidos los comerciantes, pudiesen hacer la compra como los neoyorquinos, a partir de las cinco, o tomar el té, como los ingleses.