Juicios rápidos

| MARGA MOSTEIRO |

SANTIAGO

DURANTE mucho tiempo se consideraba descabellado que la víctima de un delito se viera forzada a huir y a esconderse y hasta obligada a renunciar a sus derechos patrimoniales. Ahora, con los juicios rápidos aplicados a los delitos vinculados con el maltrato a mujeres, éstas tienen más posibilidades de iniciar su nueva vida en un tiempo más razonable. Pero aún queda mucho por hacer. El número de víctimas refugiadas en casas de acogida se ha reducido, pero sigue creciendo el de denuncias. Quizás sólo estén empezando a aflorar todas las situaciones que se han mantenido ocultas durante años. Quizás, es una esperanza, las mujeres maltratadas están empezando a sentirse arropadas por una sociedad que, hasta no hace mucho, las señalaba como culpables cuando se atrevían a levantar la voz. Es posible que estemos en buen camino, pero no puede bajarse la guardia.