Encantados de conocerse

Míriam F. Louzao santiago

SANTIAGO

OLALLA VAAMONDE

Muchos caminantes se toman la Ruta Jacobea como un reto personal, una manera de ponerse a prueba y de comprobar hasta dónde aguantan en los momentos difíciles

18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Perdido en León. Hay quien se toma el Camino como un reto personal y ese es el caso de Haitz, un joven de San Sebastián. Un viernes como otro cualquiera se le ocurrió coger su bicicleta y hacer el Camino de Santiago. El martes siguiente, después de arreglarlo todo, se echó a pedalear en León. La verdad es que no eligió una buena hora, 4.30 de la madrugada, así que el comienzo fue un tanto desastroso ya que nada más empezar su aventura se perdió. «Yo buscaba flechas amarillas, pero no veía ninguna -recuerda- y tampoco había gente en la calle para preguntarle oiga, ¿para el Camino de Santiago». Así que dió vueltas y más vueltas por León, hasta que una panadera madrugadora le ayudó informándole de que allí no existen las famosas flechas amarillas, sino conchas doradas en el suelo. Una vez encontrado su camino, Haitz ya estaba agotado así que agachó su bici en unos matorrales, estiró una esterilla en la cuneta y allí se quedó tumbado y muerto de frío hasta que unos alemanes pararon su coche pensando que le había pasado algo. Haitz recordaba esta historia ayer, entre risas, al llegar a Compostela junto con Jose, un castellonés que también hizo el camino solo desde Roncesvalles, y al que conoció al principio de su aventura, saliendo de León. Asegura que quería hacer el Camino solo para vivirlo de una manera más intensa, para no tener en quien apoyarse en los momentos duros, pero llegó a la conclusión de que la soledad no es lo suyo así que al encontrar a Jose no se lo pensó dos veces y hicieron todo el tramo desde León a Compostela juntos. Agradecidos. Lo mismo le sucedió a Cristina, de Girona, y Domenec, de Barcelona. Ellos también comenzaron el Camino solos y ayer llegaban juntos a la meta, después de conocerse «durmiendo en el suelo en Portomarín». Los dos estaban felices por la experiencia vivida y aseguraban que no había nada de la ruta que no les gustara. «Es que en el Camino, hasta por dormir en el suelo das las gracias», aseguraba Cristina, a lo que Domenec añadía: «La llegada está bien, pero lo mejor es el Camino en si, los malos momentos, de los que siempre sacas algo bueno». Así que los dos están convencidos de que repetirán dentro de unos años desde Sant Jean Pied de Port.