Jóvenes veteranos. Si el Camino de Santiago es duro para un adulto más debe serlo para un adolescente. Esto es lo que hacía pensar María José , recién llegada a Santiago, cuando intentaba levantarse con cara de dolor, encorvada y agarrándose la espalda como una octogenaria. María José tiene 15 años y ha venido con Edgar , de 17, y Jorge , también de 15, con sus respectivos padres y madres. Edgar y María José ya había venido cuando tenían 12 y 10 años, la experiencia les gustó tanto que quisieron repetir. «Está muy bien porque no sólo es una manera de ver sitios nuevos, sino que es una forma diferente de viajar. Tiene premio. La satisfacción de llegar a Santiago después de haber realizado un esfuerzo tan grande y poder descansar, ya en la meta, es una sensación que realmente merece la pena», explica Edgar convencido. Una bonita forma de ver las cosas la de estos tres chicos de Sanxenxo que llegarán a ser unos verdaderos expertos del Camino si consevan ese ánimo y ese espíritu de superación. Los problemas del ciclista. También cansados, pero no tan doloridos llegaron desde Roncesvalles Antonio , residente en Alicante, y Alfred y Javi , de Reus. Son tres ciclistas que se encontraron en la segunda etapa de su viaje y continuaron juntos hasta que llegaron a la meta. «Yo hice el Camino simplemente porque me picaba la curiosidad, pero me ha gustado tanto que ahora mismo me daría la vuelta y volvería a hacerlo», comenta Antonio. Pero, como la mayoría de los peregrinos que vienen en bicicleta, estos chicos también traen algunas quejas: «La verdad es que se hace cansado porque muchas partes de la ruta no están pensadas para hacerlas en bici». ?esde Italia. Los que vienen a pie también opinan que el Camino no está acondicionado para bicicletas. Aldo y Marco son de Piamonte, Italia, y han hecho la ruta desde Saint Jean Pied de Port. Decidieron venir a Santiago por motivos religiosos y en el viaje han encontrado cosas positivas y cosas negativas. «Creo que el Camino tiene dos problemas», explica Aldo. «El primero son las bicicletas, porque molestan. Y el segundo es la porquería, está sucio». Aldo enumera de la misma forma las cosas buenas de la experiencia: «Lo mejor es el contacto con la naturaleza, hay lugares muy bonitos, y también hemos encontrado gente buena, pero otra gente nos pareció poco agradable». ?rincipiantes. Los que no tienen queja son Mari Cruz , Teresa , Víctor y Javier , un grupo de Madrid y Tarragona que ha hecho el Camino desde León. Comentan que se decidieron a hacerlo porque habían visto la campaña por la televisión y les habían hablado de cómo era. «Todo ha sido como nos lo esperábamos», comenta Mari Cruz, «algo cansados pero todo bien». Tal vez la falta de incidentes se deba a que estos peregrinos llevaban todo el viaje concertado, han dormido en hoteles y no han tenido que cargar con sacos ni esterillas, como se podía combrobar viendo sus pequeñas mochilas mientras esperaban en la cola para conseguir la Compostela. «Lo hemos hecho así porque no teníamos experiencia, era la primera vez y no sabíamos si sería demasioda duro», explican.