El mirador | Un verano en Santiago Los artistas callejeros se trasladan a las zonas más concurridas en verano para recaudar suficiente dinero y mantenerse doce meses
26 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Hacer el agosto en verano para vivir de rentas en invierno. A este método es al que han recurrido muchos de los artistas callejeros que a cualquier hora del día se pueden ver desplegando su maestría en el entorno de la catedral sobre todo. La vorágine de turistas en Santiago durante los últimos meses está siendo aprovechada por ellos para sacarse un buen dinero, el suficiente como para poder sobrevivir cuando las lluvias no permitan ganarse la vida en la calle. Este es el caso de Alexander Orlov, un guitarrista ruso que fue concertista estatal en su país pero que por motivos políticos tuvo que dejar de trabajar allí. «Este es el octavo año que vengo a Santiago, aunque en septiembre ya me vuelvo a mi país para grabar y componer. Allí sobrevivo gracias a lo que me saco durante estos dos o tres meses aquí», confesó Orlov. Si bien la dificultad para ellos estriba en conseguir la licencia expedida por el servicio de la Policía Local, situación que se ha complicado este año por ser santo y multiplicarse las solicitudes, de lo que mayormente se quejan es de la ubicación que les adjudican y del escaso tiempo del que disponen para mostrar sus habilidades. «Yo sólo puedo tocar el violín dos horas por la mañana y dos por la tarde. Mi sitio es siempre la rúa do Franco o la paralela y me puedo considerar privilegiado porque a algunos los han mandado a la Porta do Camiño, CGAC...», comenta Kamo, un violinista armenio que, pese a su situación ambulante, se declara como una persona feliz que en invierno subsiste gracias a lo que le sobra del verano y a «los buenos amigos». Carmen es una mimo santiaguesa que desde hace cuatro años trabaja con su novio, otro mimo, en la praza do Obradoiro. Su situación es diferente a la de los anteriores porque su tarea continúa durante el invierno: «Si llueve nos colocamos en los soportales», afirma con total rotundidad. Antes de ocupar su espacio en la plaza, esta pareja formada por un egipcio y una bruja ya recorrieron otras de San Sebastián, Gijón, Bilbao, Madrid... Al igual que hay gente que tiene la misma ocupación durante todo el año o que ahorra de lo que gana durante la estación estival para sobrevivir en invierno, otra aprovecha las necesidades propias de cada época del año para cambiar de tarea. Fabián trabaja en el carrito de helados La Jijonenca, a la entrada del casco histórico, pero en tan sólo dos meses, se trasladará a Alicante «para preparar el turrón que se venderá en las Navidades».