Una multitud de peregrinos llegó ayer, provocando largas colas para recoger la Compostela o para pasar por la Puerta Santa
24 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Todos los días llegan a la ciudad multitud de peregrinos que dan colorido a la zona vieja, pero ayer el ambiente era más espectacular que nunca. Cientos y cientos de personas se agolpaban en cada una de las plazas que rodean la catedral y bajo un sol de justicia esperaban su turno para entrar por la Puerta Santa o recoger la Compostela. La fila de peregrinos para conseguir esta acreditación salía de la Oficina del Peregrino y subía la rúa de Xelmírez para seguir por la rúa Nova y terminar delante de la Casa da Balconada. Una gigantesca cola en la que algunos aprovechaban para echarse una siestecilla o jugar a las cartas y que hizo que ayer fuera el día, en lo que va de año, en el que más Compostelas se repartieron. Las últimas de la fila. Ana, Eva, Maite y Magdalena eran las últimas de esta fila a mediodía, a pesar de que, como contaba Ana, «nos hemos levantado a las cuatro y media de la mañana para llegar pronto». Pero ellas esperaban sonrientes y felices. «Después de todo lo que hemos caminado nos da igual estar aquí dos o tres horas». Estas chicas de Cantabria, que trabajan juntas, vienen andando desde Sarria. Del Camino, lo único que no les gustó es «que hay gente que tiene mucho morro y lleva coches de apoyo con las mochilas, y las ponen justo antes de llegar a los albergues, quitándonos el sitio a los que de verdad lo hacemos como tiene que ser, cargando con ellas». Pero todo lo demás les encantó, y eso se reflejaba claramente en las caras de satisfacción que tenían, a pesar de ser conscientes del largo tiempo de espera que les quedaba por delante. En «bici» y en familia. Hacer ejercicio y «ver al Santo, porque hace poco que murió nuestro abuelo y queríamos pedirle por él», son los motivos por los que Ricardo, Alberto y Eneko se decidieron a venir a Compostela, acompañados por su tío Santiago. Estos catalanes salieron de León el día 19 y a pesar de haber sufrido alguna que otra caída llegaron al Obradoiro ayer sanos y salvos, y felices por su hazaña. Amigos en la ruta. Son muchas las historias de amistad que se forjan en la ruta jacobea, sobre todo por el esfuerzo común y la seguridad de dirigirse hacia un mismo objetivo. Entre las múltiples historias de amistad en el Camino está la de estos chicos. Ellas, Rosa, Casilda, Bea y Patri, son de Toledo; y ellos, los dos Raúles, son de Vitoria. Aunque ya habían coincidido en más sitios, cuando se decidieron a seguir juntos la ruta fuu en Palas de Rei y ahora parece que son amigos de toda la vida. Por fin, la meta. Cantando ya desde la rúa de San Pedro, cuando vislumbraron las torres de la catedral, en lapraza de Cervantes no pudieron aguantarse más y echaron a correr. Este grupo de amigos de Granada entraron al Obradoiro con la satisfacción de haber conseguido uno de los mayores logros de su vida: «Casi no llegamos, pero ya estamos aquí», decían mirando al cielo, sin creerselo todavía. Y es que todos coinciden en que, después de haber caminado durante tanto tiempo, llegar a Santiago de Compostela hace que todo, absolutamente todo, merezca la pena.