La otra cara de las vacaciones

Ana Fontal SANTIAGO

SANTIAGO

ÁLVARO BALLESTEROS

El mirador | Un verano en Santiago Oenegés y ayuntamientos ofrecen a los ciudadanos la posibilidad de colaborar durante estas semanas con quien más lo necesita

09 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Y un año más, ¿sol y playa?. No todos los veranos tienen que ser iguales. Las vacaciones que cientos de voluntarios jamás olvidarán no se parecen en nada a las del turista prototípico. Muchos de ellos han comenzado ya su verano dedicado al compromiso, tanto dentro como fuera de España. El trabajo de los voluntarios internacionales se ha especializado en los últimos años y en algunos casos hoy el perfil profesional de los candidatos es muy relevante. Además, muchas de las ofertas se dirigen exclusivamente a socios de las oenegés, pero también hay proyectos abiertos a la población en general. Todos pueden hacer algo: escoger entre labores tan variadas como irse a Chiapas a conocer y colaborar con las comunidades indígenas, trabajar con jóvenes senegaleses para la preservación de ecosistemas, participar en la promoción del ecoturismo en Guatemala o ayudar a reconstruir una casa en un pueblo abandonado cerca de Astorga para usarla como albergue para familias de inmigrantes. En el caso del voluntariado internacional, habitualmente ha de pagarse un precio que gira entorno a los 1000 euros y que normalmente incluye los billetes de avión, el seguro de viaje, los desplazamientos internos, la manutención y el alojamiento. En la mayoría de los casos es también necesario o muy recomendable asistir a un curso previo de formación. Carolina Campos participó hace ya cinco años en el primer proyecto de Vacaciones Solidarias que la ONG Solidariedade Internacional organizaba en Galicia y cuyo destino era, en esa ocasión, Guanabacao, en Cuba. «La primera vez me lo planteé como vacaciones. Así, podría conocer un país más directamente, mucho mejor que con el típico paquete turístico y a partir de ahí tienes, además, la oportunidad de conocer in situ un proyecto de cooperación». Cuando uno prueba este tipo de vacaciones, son muchos los que repiten. Tres años después, Carolina quiso volver a participar en una de estas iniciativas y pudo conocer un proyecto de saneamiento e instalaciones de agua en Guatemala. Ecuador será este año el destino para su verano. Pero en ocasiones, los trabajos resultan ser diferentes a lo esperado y los voluntarios sienten que, dada su cualificación profesional, podrían haber hecho un trabajo más útil. Nos faltarán muchas de las cosas que consideramos imprescindibles y no es fácil para muchas personas adaptarse a circunstancias muy diferentes a las de su lugar de origen. Las experiencias son muy diferentes, pero sí hay algo que todos los voluntarios tienen en común. El deseo de aprender y el sentido del compromiso ante las dificultades de los demás es lo que impulsa a la mayoría a embarcarse en esta aventura que les exigirá una gran disposición a adaptarse a circunstancias no siempre fáciles. Los voluntarios coinciden en lo enriquecedor de estas vacaciones tan diferentes y en que, como dice Carolina, «estas experiencias te aportan una forma mucho más amplia de ver las cosas, un punto de vista completamente diferente».