Rouco enseña las tablas de la ley

LOIS PEREIRA

SANTIAGO

HABERLAS HAYLAS | O |

17 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EXPERTO en filosofía alemana, don Antonio María Rouco Varela es un chairego perteneciente a una pléyade de ilustres influyentes nativos de la tierra llana y que recalaron en ámbitos centrales o periféricos del poder más o menos central, autonómico o local. Aún recuerdo nuestro primer encuentro accidental, en el que me informaba que la empresa para la que trabajaba era agnóstica. «Pero yo soy muy creyente», repliqué con súbita inmediatez, aunque me cuidé muy mucho en destaparle en qué heterodoxias creía, no fuera a ser que me confesara en público. Don Antonio María tenía verbo fácil y barroco como la fachada de la catedral. Semejaba un nuevo santo del Pórtico de la Gloria, un Daniel sin mirada traviesa, hasta que se fue a Madrid por mandato divino. Allí, además de bautizos y primeras comuniones en el Hola, ahora se apresta a casar a los futuros reyes y a infundirles la fe cristiana en estos tiempos disolutos y de descreimiento. Ayer don Antonio María bajó del monte (do Gozo), y cual nuevo Moisés, proclamó en los llanos del Obradoiro las nuevas-viejas tablas de la ley: fe, esperanza y caridad. Absolutos del más allá.