Volver a donde solíamos

LOIS PEREIRA

SANTIAGO

HABERLAS HAYLAS | O |

05 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA SEMANA Santa ha empezado definitivamente con buen pie: cielo azul, sol luminoso y en las pantallas La pasión de Cristo, del empalagoso fundamentalista Mel Gibson, que nos devuelve a los tiempos carcelarios y autistas de los sesenta, cuando TVE programaba en sesión continua Los 10 mandamientos por decreto ley, volver a donde solíamos. En Santiago el film lacrimógeno ni sube ni baja, sino todo lo contrario. Y es que aquí impera la teoría de la relatividad bajo la sincretista creencia de que Deus é bo pero o demo non é malo. Por encima, y para acabar de rematarla, hay incrédulos que adjudican el contenido del sarcófago apostólico al gran Prisciliano, nuestro primer hereje oficial, el arrevirado de los tiempos protohistóricos, cuando Galicia era la despensa aurífera de Roma. Así que la ciudad se ha vaciado de nativos para dar paso a la economía del ocio turístico al reclamo del homo peregrinus. Golpe a golpe, verso a verso, hacemos camino al andar, que eso es la vida, los ríos que van a dar a la mar, el movimiento continuo para no estar quietos. La Semana Santa es sólo una transitoria parada y fonda, un respiro en el camino.