Compostela congeló el silencio

La Voz N.M. | SANTIAGO

SANTIAGO

PILI PROL

Miles de personas se concentraron ante sus escuelas y lugares de trabajo durante quince minutos La ciudad se paró para expresar su solidaridad con las víctimas

12 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?ocas cosas estremecen tanto como el silencio en las muchedumbres. Algo muy gordo tiene que pasar para que cientos de personas sean capaces de callarse a la vez. Y ayer pasaba algo gordo, y hoy, y mañana... Es como si el mundo se hubiese parado a las doce del mediodía. Compostela se congeló a esa hora para expresar el respeto de los santiagueses a los muertos de Madrid y a sus familiares, y la indignación, y la rabia, y todas las sensaciones que se pueden sentir a la vez sin llegar a desmayarse. Los trabajadores dejaron sus trabajos; los escolares cerraron las libretas; pararon las máquinas, callaron las obras. Durante los quince minutos que separan las doce de las doce y cuarto, en Compostela no pasó nada, ni en el Espolón de Padrón, ni en Boimorto, ni en Ames, ni en Teo... Y a la vez pasó todo. Si Jara dijo que la vida es eterna en cinco minutos, cuánto más no lo será en quince. El luto en el transporte público, los crespones en las banderas, las banderas a media asta, la ciudad compungida. Llamamientos. Desde los concellos, los comercios, las instituciones, los centros de trabajo, los medios de comunicación, desde todas partes, se hicieron llamamientos a participar en la manifestación que horas más tarde haría vibrar la ciudad. De todos los actos emotivos celebrados a las doce, lo fueron especialmente las concentraciones de trabajadores en el aeropuerto de Lavacolla y en la estación del tren. Porque Compostela es Atocha, es Santa Eugenia y es El Pozo del Tío Raimundo. Las muestras de humanidad se sucedieron en ese cuarto de hora en el que España se paró y cada uno expresó, lo mejor que pudo, que supo o que quiso, todo lo que llevaba dentro. Desde colectivos sociales, políticos, económicos y culturales se realizó un llamamiento no menos importante que el silencio de las doce del mediodía: que todo el mundo acuda mañana a votar. El eterno cuarto de hora de quince minutos finalizaba en la estación con la estruendosa bocina de un tren que rasgó Compostela. El silencio paró ayer en todas las estaciones y apeaderos.