Entrevista | Jaime García Rodríguez DELEGADO DIOCESANO DE PEREGRINACIONES Desde 1983, da la bienvenida a los peregrinos que llegan a Santiago; de su puño y letra ha firmado cientos de miles de Compostelas, y las que le quedan
10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.No es artista de cine, pero son miles las personas que buscan su autógrafo. Porque Jaime García Rodríguez (Negreira, 1929), delegado diocesano de peregrinaciones, forma parte de la vida de todos aquellos que se han hecho merecedores de la Compostela después de haber completado el Camino de Santiago. Es él quien firma el famoso certificado desde 1983. Aunque no oculta que ha pensado en retirarse, tiene por delante un 2004, Año Jubilar, que se promete movido. -Creí que era usted más joven... -Que Santa Lucía le conserve la vista. -¿No está cansado de tanto peregrino? -La verdad es que no. A veces me preocupa si soy lo suficientemente acogedor para que la gente no se aburra de mí. -Después de veinte años, ¿todavía le conmueven las historias que le cuentan los caminantes? -Desde luego. Ayer por la mañana se juntaron aquí siete víctimas del terrorismo. Alguno de ellos con una bala en la cabeza. Eso es impresionante. O aquel peregrino de San Sebastián que se empeñó en hacer la peregrinación a pie desde Moscú y, además, sin un céntimo. -¿De gorra? -Ya la ha hecho de Moscú a Ucrania, y este año va a continuar. Dice que, aunque no lleve dinero, siempre hay solución. Él me contó que en Rusia hay una zona en la que hay muchas manzanas y ciruelas en el camino. En previsión, cogió unos cuatro o cinco kilos para tener en los días siguientes. Pero es que a los doce kilómetros se encontró con que había más ciruelas, y se dijo ¡Tonto de mí! Hace falta tener mucha fe. -¿Los peregrinos son de una madera especial? -Para ser peregrino hay que ser capaz de hacer que flote el interior. Que una persona retire los prejuicios y sea capaz de venir al Camino como es. -Pero hay quien se lo toma como quien va a un parque temático, se compran las botas más caras, la mochila más moderna, el bastón de fibra de carbono... -Bueno, algunos. Pero fíjese: anteayer, dos compañeros suyos, periodistas, chicos normales, me dijeron: «Yo le confieso que he hecho la peregrinación para escribir un reportaje, pero le prometo que voy a repetirla a pie como tal sólo para hacer la peregrinación». Esto ocurre con mucha gente. Mi experiencia me dice que el conjunto tienen una motivación más o menos religiosa, más o menos espiritual. -Vamos, que en el Camino no es posible perder la espiritualidad, pero sí encontrarla... -¡Claro! El Camino enriquece. Otro ejemplo: hace tres o cuatro días, un peregrino de Oporto me contó que su mujer y él decidieron hacer la peregrinación porque no podían tener hijos. Hoy tienen dos niñas. Cada uno viene por sus razones, va encontrándose a sí mismo. La peregrinación es el hecho de desprenderse de lo inmediato que tiene uno en la vida ordinaria.