A XESTA | O |
07 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LOS CONDUCTORES de esta ciudad no suelen pegar bocinazos, como en otras urbes insufribles. Pero estos días ha habido música por doquier. Y no es que el Compostela retornase a Segunda División, sino que han coincidido demasiados vehículos en las mismas rúas sin más vías de escape para salir de sus ratoneras que el claxon. El tráfico de Santiago es una de las salmodias más escuchadas entre los muros de esta ciudad, unos muros que limitan los cauces circulatorios y la paciencia del personal. La agilidad mental de los munícipes para fluidificar el tráfico puede dar ciertos frutos, pero la orquestina y los improperios seguirán fieles a su cita en determinadas horas y fechas para avisarnos de que no son buenos tiempos para la lírica con centenares de coches prestos a apoderarse de los carriles. Y los ciudadanos tampoco son inocentes, porque a veces es aconsejable ir a patas a tomar el café dos calles más abajo. O saber cómo es un autobús de Trapsa por dentro. Y como las bicicletas no son para el invierno, ni para ninguna estación, seguiremos hablando con mayor intensidad del tráfico y de los atascos, hasta convertirlos en un tema recurrente tan frecuentado como el tiempo y la familia.