Dosis de pelusilla

MARÍA GONZÁLEZ

SANTIAGO

A CADEIRA | O |

06 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

UNA NO SE considera periodista si en estos momentos de revolución monárquica no opina sobre Letizia, perdón, doña Letizia, que es como tendremos que empezar a llamarla ahora, aunque nunca dejará de ser la chica del telediario que le ponía demasiado énfasis a las noticias. No tardará el día en el que se pasee por la praza do Obradoiro, no con la alcachofa en mano a la búsqueda de una declaración, sino rodeada de guardaespaldas de la mano de su aguerrido chico. Le han adjudicado tantas que Leti, por muy mona que sea, deja un sabor de boca como de: ¿Y para esto tanto esperar? Porque ya puestos, estábamos dispuestos a gastarnos nuestros impuestos en una rebelde Magdalena de Suecia o una lolita tipo Carlota Casiraghi que nos deje muy claro que nosotras, plebeyas hasta la médula, no hemos nacido para ser reinas. Es el problema de haberse encontrado en el ascensor con la futura princesa o haber compartido autobús urbano, que aparece la pelusilla española esa que nos hace criticar al vecino y admirar al de fuera. Y porque por muchas lecciones de protocolo que le den, hay que nacer... para saludar a lo reina, digo yo.