Patio de vecinos Los chubasqueros a un euro volvieron a triunfar en el casco histórico, donde ayer se presentó el segundo número de la revista «Ariel, boletín de cinema en galego»
08 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Ayer fue presentado el segundo número de la revista Ariel, un boletín de cine en gallego que nació tras la puesta en marcha del Cineclube Compostela en mayo del 2002. El primer número tuvo 18 páginas y se distribuyeron 400 ejemplares, mientras que para este segundo boletín se consiguieron mil copias con 60 páginas. La red de venta incluye los bares compostelanos y los cineclubes gallegos, desde Compostela a Vigo, pasando por Ourense, Pontevedra o Salceda de Caselas. El número dos de Ariel, boletín de cinema en galego guarda sus secciones habituales, desde las películas revisadas -Viaxe por Italia, de Roberto Rossellini y Rancho Notorius, de Fritz Lang- hasta los artículos de fondo -A rapaza da fábrica de mistos e o cinematógrafo de Aki Kaurismaki o Do the righ thing. A Colmea de Brooklin-. Este ejemplar lo centran en un estudio monográfico sobre Jacques Tourneur y continúan con las páginas del cineasta Robert Bresson, además de las crónicas de festivales. Después de la atípica ola de calor que atravesaron a duras penas Compostela y los compostelanos, llegó ayer uno de los pocos días pasados por agua desde que las altas temperaturas asolaron la ciudad. Para algunos, día perfecto para quedarse en casa y disfrutar de la familia. Para otros, situación ideal para dar un paseo lluvioso por la zona vieja. Y qué decir de los turistas. Querían disfrutar de sus últimos días en la ciudad monumental y nada los echó para atrás. Ni la lluvia, ni el viento, ni las temperaturas en descenso. Cualquier situación es buena para fotografiar Santiago, sus calles y su gente. Y para los vendedores de chuvasqueros ayer debió de ser un día con enormes beneficios. Con sólo pagar un euro, los turistas se pudieron vestir de transparente coloreado y salieron como cada día a visitar Santiago. Los caballos de Praterías, la Catedral, y la plaza de la Quintana fueron testigos de que peregrinos y visitantes no dejaron de deambular por las rúas ni de inmortalizar nuestra Compostela, que tanto encanto gana con la lluvia. Al fin y al cabo, si algo caracteriza a esta ciudad, es la lluvia. Porque se puede decir que siempre llueve. Da igual la estación, el agua deja limpias las conocidas piedras de Santiago y las llena de reflejos, de nuevas sombras y nueva luz. Aunque a los oriundos de Santiago nos está llegando el fin de la paciencia con las lluvias, y seguro que no nos vendría mal un gran cambio climático que diferencie de alguna manera las estaciones en esta ciudad gallega.