Esta es la historia de una válvula

| EMMA ARAÚJO |

SANTIAGO

LAS VÁLVULAS cambian la vida de mucha gente. Sin ir más lejos, hay quien vive gracias a una de ellas. Ayer más de diez mil vecinos de Milladoiro experimentaron en sus sobacos y en sus fregaderos la incomodidad de no tener agua para lavarse y, lo que es peor, la duda de no saber cuándo podrían tenerla. El agua llegó a media tarde, aunque en los pisos más altos se hizo de rogar hasta que llegó la noche. A medida que fueron pasando las horas y los hilillos de agua aliviaron a los vecinos de tanto sofocón se fue corriendo la voz de que el corte llegó porque una válvula estaba cerrada. Alguien pensó que la mejor forma de recordar a alguien que vive por encima de sus posibilidades es cerrarle el grifo de cuajo, así sin anestesia. El autor de la idea se desconoce, pero vecinos y políticos fueron conscientes de que el agua es un bien escaso. Drástico pero efectivo.