CON LUPA | O |
18 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.NADA, QUE NO procreamos. A este paso, cualquier Navidad de éstas no nacerá ni Dios. Mi madre, que daría un brazo por ser abuela, arremete contra los treintañeros y dice que somos unos egoístas que sólo pensamos en vivir la vida. Que, a mi edad, ella y mi padre mantenían a tres hijos con cuatro pesetas, pero que compensaban el sacrificio con la satisfacción de sacar adelante a tres seres humanos, aunque el pequeño siempre heredase la ropa que ya no le cabía al mayor. En lo de criar hijos, cualquier tiempo pasado fue peor, pero hemos nacido. Hoy la cosa está mal, pero en los años setenta estuvo peor. Y aún así, nacimos. Por mucho que le busquemos tres pies al gato, mis viejos me ganan en razones por goleada. Somos egoístas porque sabemos que estamos aquí a costa del sacrificio de otros y nos negamos a seguir el ciclo. Para justificarnos, arremetemos contra el mercado laboral, contra la política de ayudas a la natalidad, contra el precio de la vivienda. Confieso que no tengo argumentos contra las razones de mi madre, pero me declaro incompetente para sacrificarme como ella lo hizo y reparto mi culpa con el estado del bienestar, quiero decir, con el estado del qué bien se está.