?l Hospital Xeral se hizo esperar. La obra finalizó varios meses antes de ocuparse. La demora se debió a un pleito con la constructora. El cirujano Joaquín Potel integró una comisión, con Reyes Oliveros y Peña Guitián, que lo puso en funcionamiento. -Fue todo muy complicado. No había consultorías especializadas como ahora y tuvimos que encargarnos de los concursos para la dotación de material y finalizar los espacios que faltaban. Ramón Varela, entonces decano, viajó a Madrid y, tras entrevistarse con Carrero Blanco, consiguió cien millones de pesetas para finalizar todo... -¿Fueron suficientes? -Fueron. Unos 18 millones se emplearon para construir la sala de calderas, la calefacción y el comedor. El resto se dedicaron para acondicionar Cuidados Intensivos, quirófanos y otras instalaciones que faltaban. Las empresas adjudicatarias hicieron una exposición de materiales para poder decidir, pues no teníamos experiencia en concursos y detrás de todo estaba la USC. Después se firmó el convenio con la Seguridad Social; se negociaron las plantillas, que también resultó complejo. Fue muy complicado. -¿Se notó el cambio? -Fue impresionante. Las condiciones del Hospital Viejo eran realmente penosas. El Xeral, a su lado, era de lo más moderno. -¿Porque duró tan poco? -Porque la obra nació vieja y no se acabó nunca, a pesar de las continuadas obras. -Y del materno-infantil... -La idea era dejar el Xeral para asistencia general y, después de poner en marcha el materno-infantil, construir al lado instalaciones más modernas y orientadas a la docencia y dejar el hospital de Galeras para lo más habitual. Pero no fue posible. -¿Cuál fue la mayor aportación del Xeral a la medicina gallega? -Fueron muchas. En él se instaló el primer TAC gallego, que se compró a crédito. Y se realizó la primera operación de corazón extracorpórea; fue pionero en diálisis con Francisco Cerviño; o con la primera unidad de coronarias. Pero sobre todo destacaría la ilusión que representó aquel espacio nuevo, que tanto mejoraba lo que había.