La nueva población de la comarca provocó un cambio de tendencia que sólo se plasmará en Ames

La Voz

SANTIAGO

26 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Los municipios del área de influencia de Santiago vivieron una intensa jornada electoral en la que se aprecia un cambio de tendencia política que, sin embargo, no cuajó hasta el punto de derribar las mayorías absolutas que se mantenían desde los primeros comicios democráticos. Muchos alcaldes habrán tomado nota de lo que le ha sucedido a José Astray en Ames. Los mismos vecinos que convirtieron al municipio en uno de los más pujantes de Galicia le han dado la espalda para dar paso a otro modelo de gobierno. Para el alcalde de Santiago, la alteración de la «socioloxía política» de esos ayuntamientos, que están creciendo a base de incorporar votantes con perfil urbano, ha sido determinante en ese cambio de orientación. Un vuelco que estuvo a punto de costarle al Partido Popular la alcaldía de Teo, que sin embargo tendrá otros cuatro años a Armando Blanco al frente, aunque ya sabe que BNG y PSOE esperarán con paciencia hasta el 2007. Brión, otro mundo Brión es punto y aparte. Los habitantes de la tercera pata del área metropolitana de Santiago viven ensimismados con la labor del independiente Xosé Luís García y han vuelto a respaldar mayoritariamente su labor equilibrada y cercana a los vecinos de toda vida y abierta a la llegada de nuevos inquilinos. La influencia de estos resultados en la marcha de la Mancomunidade son una incógnita, pero todo apunta que la sintonía con el pazo de Raxoi, sin ser antes mala, mejorará notablemente. Las orejas del lobo Muchos alcaldes le han visto las orejas al lobo en estos comicios. En Boqueixón, Val do Dubra, Padrón, Negreira, A Baña o Melide, el PP disfrutaba de amplias mayorías absolutas que a media tarde del domingo no estaban ni mucho menos garantizadas. Al final, los vecinos renovaron su confianza en los regidores de siempre pero se llevaron un toque de atención similar al sufrido por Francisco Vázquez en A Coruña. Además, durante los próximos cuatro años habrá un ingrediente añadido. La Diputación, que maneja un presupuesto superior a los 12 millones de euros (el doble que el Concello de Santiago) estará en manos de socialistas y nacionalistas, que podrán apuntarse muchos tantos de cara al electorado.