?n el parque de la estación de autobuses hay un cierto aire de luto. Los camiones no están aparcados en la explanada y sobre los portalones rojos alguien ha pintado: «Nunca por imposición». Sobre la valla que da a Rodríguez de Viguri, frente la sede del BNG, se pueden leer dos pancartas que rezan: «Bombeiros de Santiago e nada máis. Non ó parque comarcal» y «Parque comarcal, chapuza laboral». Dentro del cuartelillo, caras largas. Los trajes y los cascos permanecen impolutamente colgados en sus percheros. Pero se echa de menos esa actividad habitual de los bomberos. Uno de los funcionarios, con un cartel de fondo que dice «Concello, judas dos bombeiros», explica que el ánimo general es de cabreo: «Estamos en folga e seguiremos os próximos dez días. Deixamos de facer servicios como son a retirada de pancartas, limpezas de calzadas con reservas, achiques e todo ese tipo de cousas nas que non hai riscos para as persoas». Un compañero apunta que los servicios mínimos, diez bomberos por turno, se cumplen a rajatabla, y que nadie debe preocuparse por ello: «Se hai una emerxencia, alí estaremos; somos máis sensatos que os políticos». El mal rollo es evidente. Queda lejos la euforia de aquel congreso de bomberos que se celebró coincidiendo con el Xacobeo 93 y cuyo cartel anunciador cuelga de las paredes del cuartel como una reliquia. «Se normalmente facemos a limpeza dos vehículos e da nave, durante a folga deixaremos de limpar. Os coches estarán en perfectas condicións para saír, pero non nos pararemos en lavalos. E se un coche se avería, quedará fóra de servicio», explica uno de los funcionarios. En el Concello no gustó la explanada vacía, y mucho menos las pintadas en los portalones del cuartelillo. Los bomberos insisten en que la decisión de ir a la huelga es unánime y bautizan el problema que les enfrenta con el consistorio: «Esto do parque comarcal sen contar con nós é unha bugallada. E as bugalladas cabrean á xente». Tal como están las cosas, la única manera de que el parque de bomberos recupere su esplendor y sus funcionarios la alegría es que las dos partes en conflicto se sienten a negociar. De momento, nada.