La boliviana María Galindo presenta en una teleserie la visión social de varios colectivos de mujeres «de base» y sus estrategias de supervivencia
08 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAG) se ha sumado al debate feminista con un seminario sobre las nuevas formas de visibilidad de las mujeres. La excusa del Día da Muller Traballadora ha recuperado la vieja idea de Freud, quien sostiene que todo ser humano se compone esencialmente de sexo y lenguaje. Hombre y mujer se definen a partir de entonces en una relación dialéctica basada en diferentes maneras de construir la realidad, un conjunto diferenciador de normas y convenciones sociales que se expresan a través de la palabra. El feminismo sería la versión política: una apropiación del discurso machista para convertirlo en propio, un movimiento liderado por un reducido grupo de mujeres, la élite con alto nivel educativo, que no ha logrado aglutinar a la mayoría de las mujeres.La boliviana María Galindo es una de las pioneras del denominado feminismo dialógico, que propugna la inclusión de las voces de todas las mujeres partiendo de la igualdad de diferencias individuales, culturales, estilos de vida y preferencias sexuales.De este planteamiento teórico surgió su teleserie Mamá no me lo dijo, que pretende dar voz a las mujeres invisibles de su tierra bajo los arquetipos de una puta, una india, una loca y una monja exclaustrada. «Reivindico la voz en primera persona, no la palabra intermediada y aquí he venido como agitadora social y no como creadora artística», sostiene María Galindo, quien apuesta por un abanico de identidades plurales y una transformación social desde la condición de mujer o de persona. «Se trata de poner en cuestión el actual estado de cosas», dice.