Cuando el Sar entra sin llamar

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

N.M.

Viviendas y locales comerciales han quedado anegados tres veces en lo que va de mes; los afectados denuncian que el alcantarillado no tiene suficiente capacidad

27 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Vivir a orillas del Sar, al margen de los tintes poéticos que pueda tener, es una experiencia arriesgada. En casa de Jaime Mallo se han tenido que poner las botas de goma, y van tres veces este mes, para levantarse de la cama. «A altura da auga é considerable. Tivemos moito lío, viñeron os de Aquagest, pero aquí ninguén se move para cousa ningunha», dice el afectado. Jaime y su familia viven en el número 19 de la rúa Ponte de Sar. Su casa está más baja que el nivel de la calle, y eso es un problema. A la que cae una tromba, los desagües se quedan pequeños y, en cosa de quince minutos, el agua pasa al interior de la vivienda desde el patio sin llamar siquiera a la puerta. El mismo problema que Jaime lo tienen en la panadería y en el servicio técnico que están justo enfrente. «As tuberías que hai non dan, e eso non pode seguir así», dice enfadado, y con razón. Tal es la preocupación por las inundaciones en Sar que los vecinos han lanzado una campaña de recogida de firmas para exigir al Ayuntamiento que haga los arreglos pertinentes. En la panadería, en el servicio técnico y en casa de Jaime Mallo han sufrido daños considerables en muebles y paredes, y no están dispuestos a seguir a merced de las aguas. «A auga chega a saír polo váter para arriba. O alcantarillado non chega e cada vez que chove forte estamos igual», añade el vecino perjudicado. Y es que, como explica, la red de alcantarillado se construyó cuando en la zona había muchas menos viviendas que ahora. Como suele ocurrir, la densidad de población aumenta sin tener en cuenta las infraestructuras. «Hai auga por toda a casa, no pasillo, no comedor, na cociña», dice Jaime, que se va enfadando según se mete en el relato de sus problemas. Ahora, a Jaime le dicen que tiene que arreglar el trozo de acera que no tuvo más remedio que levantar para conseguir que la riada que bajaba por la calle desaguase. Sobre eso dice que «non vou discutir, pero si cren que vou botar baldosa están confundidos; que fagan as cousas como as teñen que facer». Otra de sus críticas tiene que ver directamente con el río Sar: «É un asco, vergonza debía darlle ó alcalde, ó Concello ou a quen sexa ter ese río como está».