Alemanes, belgas y norteamericanos se unen cada día en el Obradoiro a peregrinos llegados de todo el mundo; casi parece la sede de Naciones Unidas
21 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Casi mil kilómetros Han recorrido 983 kilómetros hasta llegar al Obradoiro. Casi mil, aunque suponemos que en los dos días que permanecerán en Santiago patearán las calles el tiempo suficiente para alcanzar la cifra redonda. Mientras Dominike y Annete pedaleaban, Pascal y Antoine iban cómodamente sentados en un carrito. Pero no es por comodidad, es que Pascal y Antoine tienen siete y seis años respectivamente y bastante mérito tiene el que hayan soportado tantos días en el Camino sin quejarse. Salieron el día 3 de agosto desde la localidad francesa de Saint Jean-Pied-de-Port, al pie de los Pirineos y llegaron ayer al Obradoiro. Y mañana regresan al lugar en el que viven en Alemania, en Detmold, próximo a Hannover. En familia La familia que hace el Camino unida, permanece unida. Eso deben pensar los Van Houtte, una familia belga que se ha desplazado en bloque hasta Santiago pour demander la grâce, aseguran, es decir, para pedir la gracia del santo. El numeroso clan, formado por dos adultos y once niños, no ha hecho demasiada penitencia, de todas formas, pues sólo algunos de sus miembros han realizado el Camino, y sólo seis kilómetros, en el mejor de los casos. El resto, en coche. Esto se explica porque en el grupo, que incluye niños de diez y once años, también hay integrantes de sólo uno, o tres. En el Camino se encontraron con otro peregrino belga, un cura, pero éste más esforzado: vino desde Lourdes. De picnic El Obradoiro es un lugar inmejorable para hacer un picnic, seguramente uno de los mejores. A las alemanas de Stuttgart, Kattar , Nicole , Riette y Angelica les entró hambre a media mañana y decidieron plantarse en la plaza y tomar un tentempié. Que aproveche. Hace amigos El Camino hace amigos. David , alemán, y Matteo , norteamericano, se conocieron caminando y decidieron seguir juntos. De hecho, después de llegar a la meta, a Santiago, han tomado la determinación de llegar a Fisterra, donde antiguamente el saber popular situaba el fin del mundo.