En el 98 Semolina volvió a Croacia. «En el encuentro con mi familia, mis amigos, el país entero destrozado, me entraron unos sentimientos y emociones muy fuertes», recuerda. «Un día vi los personajes, pensé en una performance, pero lo que salió fue un espectáculo de textos». En Body Safe(er), espectáculo con el que ganó en Cataluña un premio de teatro emergente, la actriz acomete un trabajo «mucho más físico e interior» que en La Fura, acompañada en escena por Javiera Pradera y Alberto Pacco. Todo ello sobre un escenario vacío, oscuro, en un lugar no reconocible, con tan sólo dos cajas de madera en cada una de las cuales hay una cabeza de mujer con sus cuerpos inmobilizados y cubiertos de tierra. De vez en cuando un operario, enfermero o lo que sea aparece en escena y riega las cabezas o les toma la temperatura bajo un cielo azul atravesado por aviones. Una propuesta que la artista trabaja en dos niveles, «el de la opresión física y mental», y adereza con «ritmos, emociones fuertes, cambios, silencios y diálogos que a veces te hacen reír». La escenografía parece evocarnos las imágenes de laboratorio, horfanatos y hospitales de guerra, del teatro del absurdo de Becket como sus Días felices. Para Semolina es más comparable al teatro del absurdo de Alemania o Holanda. Todo ello con un trasfondo de sonidos varios: aviones, campanas, y canes que ladran. La propia perra de la actriz, figurante en la última película de Almodovar, sale a escena.