NACHO MIRÁS FOLE EN DIRECTO La explosión de gas de Rosalía de Castro pudo convertir la avenida en un trágico cementerio Toda la vida de una familia tirada en la calle; sus muebles; un sofá candente en el que se podrían asar sardinas; un marco sin cuadro; las revistas de decoración; las lámparas; el colchón... Una cama cuelga del tercer piso de la avenida de Rosalía de Castro número 36 en O Milladoiro. La mesilla de noche está a punto de echar a volar. La explosión de gas ha sido tan fuerte que la casa entera ha salido, literalmente, por la ventana. En la calle, la gente se abraza y se cuenta los dientes. Dan gracias por estar enteros, pero sólo se apartan cuando se lo ordenan policías azules y verdes. Es un desastre.
07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Es como en los atentados de la tele, pero con el componente casero de que lo que ha explotado son dos bombonas. La Cruz Roja saca en camilla a Manuel Vázquez Castro, el inquilino del 3ºE, quemado y asfixiado. Pero tiene tiempo y arrojo para preguntar si hay más heridos. Los cristales caen como cuchillas a la calle, y las paredes, y los muebles. La onda expansiva ha sido tan salvaje que ha destrozado las ventanas de los edificios de enfrente, de los lados, de detrás. Los ladrillos han caído sobre varios coches aparcados en la calle como granizo de obra, salvaje y pesado. Pero las víctimas del escombro son de chapa, que no de carne. Manuel, que trabaja en una zapatería, es el dueño de un gurruño que antes fue un coche. Dice que se ha quedado sin medio de transporte pero da gracias por tener la cabeza completa. Tiene esperanzas en que el seguro del edificio corra con los gastos. El alcalde Astray no es tan rápido como Giuliani en la zona cero de Nueva York. Pero llega para interesarse por sus vecinos, por sus heridos. En los bajos del edificio, los chavales de Centro Reto echan el escaparate en el cubo de la fregona. Todo el mundo piensa en Manuel; y en lo que les queda a los cristaleros.