LUIS CRISTOBO MI CALLE
05 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«Sangre de tres naciones lleva don Camilo José en los cojones», proclamara un buen día el literato deslenguado de Iria-Flavia. Así que el Concello no se lo pensó dos veces y le dedicó un trozo del periférico, justo el que conduce del polígono industrial del Tambre a San Lázaro, denominado avenida de Camilo José Cela, pegada a la de Torrente Ballester, que los dos en la gloria estén, difuntiños vivos. Es un periférico en verdad literario, una obra inacabada, un coitus interruptus en plena avenida de Lugo pero que continúa troceado en el cruce de Galuresa para invocar en su itinerario a Antón Fraguas y Filgueira Valverde, eximios eruditos galaicos. El trozo norte del periférico es celiano de pura cepa, cuesta arriba o cuesta abajo, según se mire, y desemboca en la principal apuesta mercantil de la ciudad, en una simbiosis ósmica entre las factorías de los sueños escritos y las de la realidad económica, los tableros aglomerados, los coches uros y los chips. Todo en armonía convivencial con los vecinos de Boisaca, donde habita el silencio y la última palabra, el país de los sueños prolongados. La avenida celiana está en el norte gélido, donde da la vuelta el aire, donde se encuentra la mítica folla revirada, que a revirou o vento nunha noite de xiada. luis.cristobo@lavoz.com