SOFÍA DE BENITO MI CALLE
11 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La infinidad de recuerdos se anulan unos a otros de manera que cuando descubres el nombre de Rodrigo de Padrón -antes tan sólo era el inicio de la Alameda- ya no quedaba ninguno claro. Pero la memoria, además de traicionera, es a veces generosa. La llegada a Compostela vino a través de esta mezcla de parque, casco histórico y zona nueva, en donde la gente es también un cruce de sensaciones. De los que de día, y saliendo de una de tantas pastelerías, se acercan y te gastan una broma que todavía recuerdas hoy con cabreo y simpatía. Cerca de las protagonistas de una historia de dos marías que jamás te creíste pero fingiste hacerlo. Presidiendo uno de los semáforos que te costó más de un susto. El inicio de las pocas manifestaciones en las que participaste y que te hicieron sentir ciudadano por un día. Del camino que te llevaba a esa casa en la que, sin duda, crees ahora, viviste los mejores momentos, aunque también soltaste alguna de las lágrimas más amargas, y cerca sobre todo de aquel bar, en el que tras dos meses de ausencia, la distancia lo hizo presente y no hubo lágrimas. Pero no importa. De hecho, añoras momentos amargos. Porque odias que irremediablemente, la distancia haga el olvido. redac.santiago@lavoz.com