DOCUMENTACIÓN
05 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Hasta principios del año pasado, en Galicia se redactaban dos tipos de planes para afrontar el tratamiento de residuos: afines a la opción Sogama y alternativos al modelo oficial, contrarios a la valorización energética de basuras. Los unos encontraban aplauso en las instituciones autonómicas; los otros, rechazo. Todo empezó a cambiar el 28 de marzo de 2000. Entonces, el conselleiro de Medio Ambiente, Carlos del Álamo, y el presidente de Sogama, Luis Mingo, se citaron en un despacho del pazo de Raxoi con los alcaldes de Santiago, Lugo (ambos del PSOE), Vigo, Ferrol y Pontevedra (los tres del Bloque). Dos horas y media estuvieron reunidos. De allí salió todo patas arriba: en adelante ya no habría más soluciones alternativas a la Sociedade Galega de Medio Ambiente, sino «complementarias». Y en ese contexto ha de entenderse la decisión adoptada ahora por el gobierno local compostelano. Al combinar una planta propia para la producción de compost con una apuesta relativa por las instalaciones de Cerceda, el equipo de Xosé Antonio Sánchez Bugallo se acoge al principio de la autonomía municipal y, al tiempo, también le echa un capote a Del Álamo.