La oficina de atención al visitante ubicada en la praza de Galicia cierra en los días de mayor concurrencia turística Nombre amable el de la onomástica de ayer: San Agapito. Todo lo contrario que el tráfico registrado al mediodía en los accesos a la ciudad, aborrecible. Llegaron tantos coches procedentes de las Rías Baixas que entre las 12 y las 14 horas resultó imposible aparcar en cualquiera de los estacionamientos subterráneos. Mientras el asfalto se ponía insoportable, la piedra iba cogiendo tono. En el Obradoiro era obligada la cola para acceder a la Catedral. La zona vieja fue malabares en las plazas y equilibrios en las calles. Con todo, a pesar de la concurrencia de turistas, cerró la oficina de atención al visitante que hay en la praza de Galicia.
18 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Sábado y San Agapito, el Papa que duró poco, once meses apenas. Pero dicen los teólogos que en ese tiempo tomó decisiones trascendentales para la Iglesia. Algo parecido sucedió ayer. La entrada masiva de turistas en la ciudad la registró el departamento de Tráfico entra las 12 y las 14 horas. Aunque tan intensa fue que los estacionamientos subterráneos se quedaron sin plazas libres. Hubo colapso en la Senra, bocinazos en Rosalía de Castro, retenciones en A Rocha, circulación lenta en la rotonda de Galuresa... Caos sobre el asfalto, en definitiva. No obstante, pese a la concurrencia de visitantes, la oficina de atención al turista ubicada en la praza de Galicia permació cerrada durante todo el día. ¿Por qué? «Es su horario», explicaron fuentes de la empresa municipal Incolsa. El Franco, un río En el Franco los cuatro berberechos de siempre seguían a 2.000 pesetas. La calle del París-Dakar fue un Nilo de gente, un río hacia el Obradoiro. En la plaza se impuso guardar cola para acceder a la Catedral. La celebración de una boda en el interior del templo no ayudó a facilitar la entrada de curiosos y fieles. Durante la espera, larga, agradaron los juegos malabares de los artistas callejeros.