CALLE DEL OLVIDO

La Voz

SANTIAGO

DAVID F. VILLAR MI CALLE

30 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Es un buen momento para hablar de la calle del olvido. Ahora que proliferan las grandes obras en avenidas y aparcamientos, creo que alguien debe reivindicar lo pequeño, lo auténtico. Aunque es un enclave desconocido para muchos compostelanos, la calle del olvido contempla diariamente el paso de cientos de ciudadanos. Unos, procedentes de la periferia, evitan los atascos y suben por esta arteria desde Sar hasta Virgen de la Cerca. Otros, hartos de la vorágine diaria de la ciudad, buscan un rincón olvidado que les acoja el coche durante unas horas. La calle del olvido es un lugar singular, que sobresale entre tanta monotonía urbanística. Más que una calle, parece un angosto pasaje que no te traslada a ninguna parte. No es una zona concurrida, no destaca por su belleza, pero tiene una cualidad de la que pocas arterias compostelanas pueden presumir. Su nombre evoca una sensibilidad literaria que pocas veces preside las placas que dan nombre a las travesías de las ciudades. No obstante, el olvido y la nostalgia son recursos habituales en los cuentos de García Márquez y Borges. En Compostela, por la calle del olvido -como canta Joaquin Sabina- «la vida sigue como siguen las cosas que no tienen mucho sentido». redac.santiago@lavoz.com