Miles de personas renovaron ayer en Padrón la tradición de subir al Santiaguiño do Monte para pasar el día en comunidad
25 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Miles de personas renovaron ayer la tradición de subir al Santiaguiño do Monte, en Padrón, para disfrutar de la música, la gastronomía y la naturaleza en un ambiente que evocó la grandeza de las romerías gallegas de antaño. Pero Padrón ya registró un lleno en vísperas para gozo de los gobernantes, que un año más se decantaron por el derbi asnal y acertaron. Una vez más, el cielo fue decisivo para decidir la afluencia a la romería del Santiaguiño. La combinación de nubes y claros desanimó la opción de las playas y primó la del Santiaguiño. De este modo, la romería recuperó parte del esplendor de antaño ya que los romeros llenaron de vida el monte. Los agentes de la Polícia Local reconocían que estaban «colapsados» en alusión al tráfico. Por momentos hubo pequeñas retenciones al subir. Pese a ello, no hubo que lamentar ningún incidente de importancia salvo el amago de infarto que sufrió un hombre en las proximidades del santuario del monte. Por lo demás, pese a que el cielo no estaba despejado, sí hizo calor, incluso bochorno, por lo que aumentaron más si cabe aún las ganas de beber. Las camisetas empapadas de tinto son tan propias del Santiaguiño como las sardinas que repartió la comisión de fiestas, el pan de millo o el pulpo. Los alrededores del santuario se convirtieron en un improvisado mercado ambulante. Pulperías, chiringuitos y heladerías completaban la oferta.