El texto del Estatuto da Capitalidade que llegó a la Xunta de Galicia era tan de mínimos que no suscitó apenas reservas en los departamentos autonómicos. Incluso el conselleiro de Economía, José Antonio Orza, le dio el visto bueno sin problemas. El polémico texto del 22 de enero lo atestigua. En el pazo de Raxoi los grupos gobernantes lo vieron y le dieron el plácet, sin saber que el engranaje administrativo de San Caetano no se había detenido y seguía funcionando hasta llegar a la Consellería de Xustiza. Se paró en marzo y el texto resultante puso lívidos a los ediles del gobierno local, incluido el propio alcalde. Enseguida todas las miradas se colocaron en Dositeo Rodríguez, pero la voluntad de consenso del alcalde empezó a manifestarse de inmediato para solventar cuestiones que a numerosos ediles de los dos grupos les producía ardores, como la repetina inclusión de la oposición en la ejecutiva del estatuto. Varios ediles del BNG consultados por este medio, y algunos socialistas, arremetieron contra esa presencia por la forma en que surgió y por no considerarla adecuada. Y varios del PP consideraron que era la solución correcta.