PRAZA DO TOURAL

La Voz

SANTIAGO

NACHO MIRÁS FOLE MI CALLE

18 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Una plaza que tiene un palacio con un supermercado en los bajos no es moco de pavo. La historia del Pazo de Bendaña descansa sobre las ofertas de Froiz y eso no deja de tener su encanto. En estos días en los que cualquier edificio con clase es comprado y reformado por una institución para hacer una fundación o un Consello Galego de Relacións Laborais, Bendaña mantiene un curioso equilibrio entre la utilidad espiritual, la que nos proporcionan el arte y la cultura, y las necesidades más básicas; los pañales de emergencia; los bastoncitos de los oídos; el Mistol de última hora. Pero también la genialidad artística de Granell en todo su esplendor. Y es, precisamente, la humanidad que desprende Bendaña, lo que convierte a la praza do Toural en el espacio ideal para vivir, para pasear, para vibrar con un concierto o para sufrir los minutos de espera en los que los ojos inmensos de esa chica no te miran porque están de camino. Ya puestos, me viene a la cabeza Atlas, que lleva toda la vida soportando en lo alto de Bendaña la bola del mundo. Y que, dicen los viejos, tendría que haberla dejado caer de haber pasado a sus pies una virgen. La bola sigue en su sitio y ustedes piensen lo que quieran. ¡Qué gran lugar el Toural! imiras.santiago@lavoz.com