PRAZA DA PAZ

La Voz

SANTIAGO

XOSÉ M. CAMBEIRO MI CALLE

02 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La praza da Paz, en la que el peregrino ensalzado por Acuña da la bienvenida a cuantos entran por la misma puerta por la que entraban los autocares de línea antaño, es un ruidoso nudo con la principal efigie administrativa al fondo. No es precisamente ese recinto sereno y acogedor en el que uno busca sudoroso la paz y el sosiego del viejo empedrado, aunque la estampa del solitario templo invite a ello y la placa del viejo alcalde asesinado se vislumbre entre el humo de los autobuses. Allá por los setenta, cuando la década se agotaba, algún concejal propuso el nombre de Juan Pablo II para este recinto urbano, por el que el Pontífice iría a transitar unos meses más tarde. El edil Francisco Torrente lanzó, como alternativa, la candidatura del cura de Fruime, un memorable poeta vernáculo nacido entre estas murallas. Pero UCD y CD bajaron el pulgar y Diego Antonio Cernadas se quedó sin rótulo en San Caetano y sin representación en Compostela. Sólo respaldó al entrañable Fuco la ucedista María Jesús Villaverde por tratarse de un sacerdote. Uno ve a Torrente riéndose de oreja a oreja, o llorando, al leer la bien avalada propuesta de la máxima honra literaria gallega para el clérigo de Fruime, que no se apellidaba Paz. jcambeiro.santiago@lavoz.com