Miles de santiagueses buscaron oportunidades durante el primer día de rebajas en las superficies comerciales de la ciudad Javier se levantó producto de la masa, así que no le quedó otra que irse de compras. La jornada de Reyes le había dejado una espina clavada en el corazón que ayer, en el primer día de rebajas, consiguió derivar al bolsillo. Como la mayoría de compostelanos, optó por una gran superficie comercial. Al llegar, muy religioso, le asaltó la mente la Santísima Trinidad: padres, hijos... No faltó nadie. Eso sí, el espíritu se le vino abajo. Con todo, al final de la jornada, Javier se sintió afortunado: logró ese abrigo por el que a Gaspar le habían pedido 60.000 pesetas y que a él le costó 42.000. Las rebajas; lo que los Reyes no pudieron conseguir.
07 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Javier se perdió ayer en un mar de familias que no cesó de olear. A la busca de su abrigo, tuvo tiempo para reconocer los estereotipos de los que tanto le había hablado. Comenzó a identificarlos cuando, entre la confusión, distinguió a esa señora que aprovechaba el caos para leerse la última novela de Manuel Rivas sin pagarla. Su marido, entretanto, la aguardaba -el rostro desdibujado- meciendo a un niño que no sabía sino llorar. Otra pareja -él Luis; ella Sabela, según trascendió por los gritos- discutía. Al parecer, el hombre le hacía ascos a la clásica prenda que toda esposa aspira a vestirle a su marido. En la fotografía figuraron también dos dependientas a las que, con apenas una mirada cómplice, Javier creyó entenderlas: «No se llevan nada», pensaron las pupilas azules. «Cuidado». Javier escuchó una advertencia que llegaba tarde, después de que un coche teledirigido le golpease el tobillo. Pero cuando se volvió para demandar explicaciones, sólo alcanzó a ver el tortazo que una madre regaló a su hijo en la jornada post-Reyes. «Cualquier tiempo pasado fue mejor», pensó. Cogió su abrigo, lo pagó y despidió las rebajas.