Turistas de paso presuroso

La Voz

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

XOSÉ MARÍA PALMEIRO ALDEA ÚNICA

20 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Estaba la ciudad, al mediodía, decorada por un orballo como desganado, cielo plomizo, cuando me encontré con aquel gentío que iba y venía por la Plaza do Obradoiro. Gentes mas bien entradas ya en años. Cruceristas que, desde Vigo, se encaminaron a Compostela. Un colectivo variopinto, agradablemente sorprendido por las gotas de lluvia que apenas si mojaron las piedras, buscaba lo que todos en semejante trance: recuerdos, imágenes, vivencias. El 2000 está siendo buen año para el turismo en esta urbe y es ésa una buena noticia porque ahí confluyen todos los referentes de una oferta atractiva e interesante, devenida en «industria» de gran proyección y más que notable alcance económico. Se mueve así la rueda de la vida, la historia, la fe en este faro de la Cristiandad y en tiempos de sincretismos simplificadores propiciados sobre todo por los medios audiovisuales; en tiempos de inevitable estandarización de gustos, opiniones incluso. Vuelvo por un momento la vista a los años veinte de la mano del maestro Otero Pedraio y su Guía de Galicia. Quedan lejos los impulsos xacobeos finiseculares y, sin embargo, anoto: «La peregrinación en nuestros años vuelve a tomar la grandeza y devoción de los buenos tiempos». Puede, pero no servirá estrictamente la cita para acompañar los pasos, las pisadas presurosas de los cruceristas que, muy probablemente, se dieron por satisfechos contemplando cómo siguen creciendo y los «mellizos lirios de osadía» y curioseando sobre «o santo dos croques». Mientras, la caricia del orballo urgente se iba, como ellos, hacia otros parajes.