La segunda jornada del festival mantuvo el ritmo cañero impuesto por Iggy Pop Los botes, los gritos, las cervezas y las horas de sueño empiezan a pesar. Aún así, en la segunda jornada del Santirock las escenas de gente sentada en las gradas fueron minoría ante el cuadro que ofrecían los miles de incondicionales que siguieron dando guerra a pocos metros del escenario. El plantel de bandas era cañero y respondió a las expectativas. La organización subsanó alguna que otra deficiencia puntual surgida el primer día, en el que Iggy Pop asumió su papel de «plato fuerte». El que para muchos era el cartel menos atractivo del festival dejó ayer el listón muy alto para las bandas que hoy cierran la edición.
14 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El entorno del Monte do Gozo atronó ayer con sonidos de rock turbio. Las miles de personas congregadas para el Santirock celebraron una ceremonia de la música más intensa que se puede encontrar en estos tiempos asépticos: Iggy Pop era, no en vano, el principal aliciente del festival compostelano para una gran parte de los asistentes. No deja de resultar sorprendente que sean las viejas leyendas del rock las que mantengan viva está música, aún con las decenas de bandas surgidas en los últimos años. Pero es que los cincuentones como Iggy o como Mick Jagger son capaces de aplastar a cualquiera en el escenario, aunque tenga treinta años menos. La prueba física estuvo exhibida al alcance de todos en el escenario del Santirock. Zona caliente Tras una actuación de Fu Manchu menos densa y saturada de lo esperado por sus seguidores, la herencia de The Stooges estuvo presente en todo el concierto de Iggy. Las canciones del grupo de Detroit fueron las más vitoreadas por el público, compuesto en la zona más cercana al escenario por verdaderos fanáticos. Sonaron (y cómo) temas para la historia como Raw power, No fun y T.V. Eye. Faltó I feel alright, pero la gente llegó a la hipnosis colectiva con la que probablemente es la canción más sucia de la historia: I wanna be your dog. Fue entonces cuando comenzó el pogo más furioso, cuando los cuerpos comenzaron a salir despedidos por todas partes. Una afortunada fue sacada al escenario, pero no acertó a comprender qué hacía allí y no aprovechó la ocasión para besar los pies de La Iguana. Tanto el jueves como ayer el público abarrotó la carpa dance habilitada en el aparcamiento una vez fueron rematando las actuaciones. Otro trallazo para los oídos y las piernas de los más fuertes. Según los asistentes, uno de los grandes aciertos del festival. Los más críticos sólo ponen una pega. El suelo de la instalación es de tierra y las piedras provocaron alguna que otra torcedura sin mayores consecuencias.