Noto la vergüenza avinagrada en la boca de mi estómago cuando me doy cuenta de que lo he vuelto a hacer. Otra vez he mostrado mi entusiasmo excesivo ante un tema cualquiera. La diarrea verbal me acecha cuando surge la oportunidad (real o imaginada) de explicarle a alguien por qué Circe y Morgana son dos figuras femeninas denostadas por la visión narrativa masculina. O por qué las letras de las canciones de Taylor Swift son pura poesía llena de significados ocultos. O que los pulpos tienen tres corazones, la sangre azul y son muy curiosos.
¿Ves? Lo he vuelto a hacer. Podría estar así horas, hasta que mi obligada audiencia se sumiera en un silencio paciente pero carente de interés y yo volviera a sentirme terriblemente ridícula. Esa mirada cansada y distraída que me devuelve con un golpe brusco a la realidad. Cuando me doy cuenta suelo parar, y mi amable oyente activa el airbag con su sonrisa fatigada para que no me haga un daño excesivo, pero acuso el impacto.
Noto el hormigueo en el cuello, en las mejillas el rubor me traiciona. Otra vez esa conclusión: «Ay, es que eres tan intensa con las cosas que te gustan, qué envidia». Pero es mentira, no les doy envidia. Les causo cierta curiosidad distante, que se transforma rápidamente en pereza en cuanto vuelvo a perder el rumbo con mi verborrea temática.
Aún no sé si la descripción de «intensa» es un insulto o un piropo. La mayor parte de mi vida lo he considerado una desventaja social, porque interesarse demasiado por algo es de «pringados», pero ahora intento verlo como la condición inevitable de la sensibilidad. ¿Por qué puedo hablar dos horas e investigar cincuenta después de ver una película? ¿Por qué tengo que llorar con cada vídeo de treinta segundos de gatitos? ¿Por qué me cuesta no mandar fotos a mis amigos de cada frase que leo en un libro y me parece indispensable que conozcan para seguir viviendo?
He llegado a la conclusión de que esta condición es incurable y quizás inenarrable. ¿Cómo le explicas a alguien la emoción que sientes cuando algo te roba así el aliento?
No se puede. Como tampoco es posible evitar el momento ruborizante ante el enjuiciamiento de los oyentes, qué extenuados, no saben lo que se están perdiendo.