Instinto ancestral

Juanma Ruiz Suárez

RELATOS DE VERÁN

31 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Permaneció inmerso en una especie de catártico estado hipnótico. Observaba el fuego con deleite y sonreía, feliz ante su obra. Sintió un amago de escalofrío, el poder recorriéndole la columna vertebral cual cuadriga tirada por caballos enloquecidos, o acaso un pálpito similar a la euforia que sobrecogió a quien dos millones de años atrás tuvo la ocurrencia de golpear entre sí las dos piedras adecuadas, haciendo brotar con el impacto una chispa de energía suficiente, alzándose en definitiva como el artífice del primer incendio provocado de la Historia.

Lanzó la lata de gasolina al corazón de la enorme fogata, y el mare mágnum de lenguas de fuego agradeció el regalo con nuevos bríos. Se sentía lúcidamente responsable de aquello, y no poco orgulloso. Se sentó en el suelo para disfrutar con plenitud de las llamaradas rojas, amarillas y azules.

Se rio por fin con ganas, feliz ante la idea de que después de tantos años buscando un trabajo digno de considerarse así, de sentirse tan solo un número en las putas estadísticas, por fin aquella maldita oficina de empleo le proporcionara un momento agradable que poder recordar.